Historia clínica

Si vuelve a golpearte, no te enfurezcas
ni te enfrentes a ella como si no la conocieras,
sólo sigue las huellas que va dejando,
indiferente, como la niña del cuento,
en el sendero.
                              Amóldate a su plan
sin renunciar a la belleza que tampoco
se rinde en las derrotas, enséñale
tus armas de alegría.
                                             Y si caes del andamio 
una vez más −si la vida te empuja−,
no protestes, ya tienes experiencia:
levántate despacio y comprueba si te has roto
algún hueso. En ese caso, al taller; si no, sonríe
abiertamente, sacúdete la ropa y vuelve
al baile.
                 Quizá sólo te pincha, la taimada,
aunque a veces se pase de la raya y te haga daño−
para que no te embeleses en la sencilla vida
de perro callejero o de hombre libre
que te has ganado a pulso,
                                                para que no te olvides 
de la cita de mañana en el dentista
otra vez, qué pesadilla− ni del lugar
hacia el que, hagas lo que hagas, como todos,
te diriges.
                      Si te ve flaquear estás perdido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario