Unos minutos

Cada hora feliz, cada minuto
tampoco hace falta que exageres,
da sentido al desconcierto de la duda
aunque a menudo se ensombrezca el cielo
y tu entrega, desorbitada siempre,
te llegue a parecer un desperdicio.
Lo que has vivido con el alma en vilo
no se borra del mapa aunque los perros
del pánico se adueñen de la noche,
aunque te gane la pena y no puedas
evitar la sensación de extravío,
una vez y mil veces, en el oscuro
bosque de la vida.
                                Nada se pierde
si tu cansado corazón es capaz
de agradecer cada pequeño gesto,
el beso inesperado, la palabra
certera, el parpadeo que tu lenta memoria
preserva del olvido entre las horas muertas.

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