El hilo

No sé qué andas haciendo cada tarde,
lejos de mí, quizá sin un recuerdo
memorable que nos junte un instante
más allá de la vida cotidiana.
Pero sí que en mis manos permanece
el brevísimo calor de tu carne,
en mis ojos el fulgor de los tuyos
y en el fondo de mi sangre, serena
y misteriosa, una música extraña,
la certeza de haber sido una rama
donde hallaste, fugaz, el merecido
descanso de tu vuelo inalcanzable.
Fue muy breve cada vez, pero late
desde entonces incesante y eterno.
Que tú no lo percibas es superfluo:
hay un hilo en el aire que nos une.
Una vida feliz.
                          Polvo de oro
que el viento disemina a su capricho.

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