Dos pasos por detrás

El tiempo, hace ya tiempo, no es el enemigo.
Ni siquiera aquel paisaje entre la niebla
que teníamos siempre por delante
y nos daba también algo de miedo.
Ahora es más como el viento, traicionero
e invisible,
                     colándose a deshora
por debajo de las puertas.
Si acaso, nada más, el cachorro sin dueño
que apareció una tarde en medio del camino
con su mirada lánguida de no haber roto un plato
y que nos sigue desde entonces,
tembloroso, leal, a todas partes.
Con su perruna cara de pregunta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario