Mi voz en el desierto

¿Te ha llegado mi voz, la que escuchabas
en silencio cada noche?
                                           ¿Qué puedo
hacer ahora para que te alcancen
aquellos versos que querías tanto
Blas de Otero y Vallejo sobre todos−?
 ¿Recuerdas? Te los grabé en una cinta
que llevabas contigo a la cocina
para hacer un puré siempre sabroso
o escuchabas a solas en tu cuarto
si tardaba en volver en esas noches
puñeteras que el insomnio sembraba
de miedos y nostalgias.
¿En qué mesilla te dejo ahora este poema
si ya no me respondes, si eres
ida antes de tiempo, llena de preguntas
sin respuesta, cuando no te tocaba?
¿Qué hago con la sílaba rota y el silencio,
dónde pongo la pausa, dónde bramo
en voz baja para que tú me escuches?
Eras tú la que le dabas vida
a la voz temblorosa que entonces recibías
con el alma entreabierta, con hermosa paciencia.
Ya nadie se hará cargo de la lluvia
o la emoción, aunque fuera a escondidas.
Ya nadie escuchará como lo hacías.

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